| ¿Por qué te sorprendes de que tengo un nuevo amor? |
| Si es que todo se murió cuando contigo vivía |
| Tu altanería, tu tan poquito interés |
| Y tu conducta soes fulminaron lo que había |
| En ese abismo miré a nuestro amor difunto |
| Guardé el respectivo luto con mucha melancolía |
| Vestí de negro y lloré con gran tristeza |
| Aunque compartíamos mesa de aquella cama tan fría |
| No entiendo porque motivo hoy extrañas mi alegria |
| Si te lo advertí mil veces que pronto me cansaría |
| Porque flor que no se riega se marchita en la sequía |
| Hoy tú orgullo de mujer va cargado de ironías |
| Pretendiendo mancillarme poniendo en duda mi hombría |
| Pero de nada te sirve hablar tantas tonterías |
| ¿Por qué te sorprende que tome esta decisión? |
| Si hago una comparación, a ella le sobra valía |
| Y tú querías tratarme cual poca cosa |
| Pero esa culpa horrorosa no es tuya, la culpa es mía |
| Tal vez tardé en darme cuenta, mijita |
| Que lo que a mí se me quita me regresa en gran cuantía |
| Si a falsedades para tu defensa acudes |
| Me cubro con las virtudes que Dios me dio con los días |
| Y en el combate incesante de dolor y fantasías |
| Entre mi fidelidad y tu conciencia vacía |
| Comprendí que de este amor ni un poquito merecías |
| Sepulté mis ilusiones con mucha sabiduría |
| Y hasta el cielo envié oraciones por lo que se nos moría |
| E hice nacer un nuevo amor, porque antes, amor no habia |